domingo, 10 de marzo de 2013

'El instinto de la felicidad funciona incluso en las situaciones más difíciles'


En plena crisis económica, y rodeados de noticias que van minando nuestra alegría diaria, Luis Rojas Marcos dice haber identificado los protectores de la dicha. En su nuevo libro, 'Secretos de la felicidad', enumera además los mecanismos neuroquímicos que están detrás de las emociones placenteras. De esto y, de muchas otras cosas, este psiquiatra, que dirigió durante siete años el Sistema de Sanidad y Hospitales Públicos de Nueva York, ciudad donde reside, habla en una entrevista con ELMUNDO.es durante una visita en Madrid.

¿Por qué escribe sobre felicidad?
La medicina hizo un cambio significativo hace 20-25 años y fue cuando nos dimos cuenta de que no basta con curar las enfermedades, sino que es importante valorar el estado inmunológico y emocional, qué cualidades tenemos los seres humanos naturales que nos protegen o que nos ayudan a superar situaciones difíciles en la vida. Se empezaron a investigar temas como el optimismo y la felicidad, la capacidad de relacionarse... Es un tema que antes trataban los filósofos, pero no se había estudiado de una forma metódica. De ahí que yo también entrase en ese mundo, de estudiar la influencia de las cualidades positivas.
¿Es usted feliz?
Yo me doy un 8,5. Ese número va a ser muy parecido en muchas personas diferentes, aunque cambies de país, excepto en aquellas que no tienen cubiertas sus necesidades y también en las personas que están deprimidas. Al 80%, si le preguntas, va a dar más de un 5, hombres, mujeres, mayores...
¿Los españoles tienen alguna particularidad?
Aquí no se habla de la felicidad. No se presume de ser feliz. En Estados Unidos, en cambio, se glorifica la felicidad, y no es que sean más felices (normalmente se puntúan también con un 7 o un 8), sino que la cultura fomenta hablar del tema, hasta el punto de que la mayoría de las personas creyentes piensan que cuanto más feliz eres más probabilidades tienes de ir al cielo.
¿Por qué les cuesta tan poco ser felices a los niños?
Porque el instinto de la felicidad es genético. Todos nacemos con la capacidad de proteger y buscar nuestra satisfacción de la vida, necesaria para que la especie continúe. Los niños, si les dejamos tranquilos, de forma natural van a ser felices, porque está en sus genes. Incluso algunos que pasan por una infancia muy dura, luego les preguntas cómo de felices son y te dan un 7 o un 8, porque lo han superado. Normalmente, el ser humano tiende a sentirse bien.
¿Usted fue un niño feliz?
Síiii (pensativo), yo fui un niño con problemas, hiperactivo, que me cateaban, y lo pasé muy mal, porque a mis padres no le gustaba lo de los cates. Pero en aquel momento, si me hubieras preguntado, cuando tenía 12, 13 ó 14 años no sé lo que hubiera contestado. Luego tuve la suerte de que mi madre me dijo: 'parece que tienes buen oído para la música, ¿por qué no pruebas algún instrumento?'. Y empecé a tocar el piano, y con 15 años ya tocaba la batería en un conjunto, que es el instrumento ideal para un niño hiperactivo. Aquello ayudó a mi autoestima porque, aunque me cateaban, eso de tocar por la radio, me ayudaba a ligar y pensaba: 'Soy un desastre en el cole, pero mira, caigo bien'. Eso me sirvió para nivelar mi autoestima. A medida que empecé a comprender que podía utilizar el exceso de energía para estudiar más o trabajar, me fue yendo mejor. Mirando hacia atrás, con todos los problemas, en general me doy un 8,5.
¿Cómo se potencia la autoestima en un adulto?
En una persona adulta es más complicado, a no ser que su autoestima haya bajado por algo concreto. En ese caso, estas personas son más fáciles de ayudar. Por ejemplo, si está deprimida porque ha roto con su pareja o tiene problemas en su familia, es lógico que la autoestima baje. La cuestión es superar ese problema.

Ahora, si la persona ha crecido con una autoestima baja y se mantiene, cambiar eso requiere tiempo y mucho esfuerzo, y dinero por lo menos en Estados Unidos, porque es algo que se ha consolidado. Hay que empezar a hacer listas, para encontrar algo con lo que se encuentre bien. Y comenzar a desarrollar parcelas que la persona pueda desarrollar para aumentar su autoestima.
¿Se puede ser feliz con una situación económica difícil?
Sin conocer el caso concreto no se pueden dar consejos buenos. Si una persona no tiene empleo, lo primero que le preguntaría es cómo se siente. Y probablemente nos llevaríamos una sorpresa. Porque es fácil que nos diga que bien. Porque puede decir: 'Aunque no tengo trabajo tengo la suerte de que mi familia me ayuda, y me entiende, y también me he organizado mi día, hago deporte, leo más... Del cero al 10, estoy en un 6'. El instinto de la felicidad funciona incluso en las situaciones más difíciles. Nacemos con esa necesidad de sentirnos bien. De forma instintiva echamos mano de protectores. Hay algunos que podemos trabajar mejor, también hay que diversificar.
¿Es mejor dejar de hablar de la crisis para ser felices?
La queja forma parte de la esencia de este país. La utilizamos para dialogar, para relacionarnos. Nos quitan la queja, ¿y de qué vamos a hablar? Es un elemento esencial en esta cultura. ¿Cómo le vas a decir a la gente que deje de hacerlo? Aquí atrae mucho hablar de la tragedia, pero cuando preguntas: '¿Y tú cómo estás?' Normalmente, la gente se da una nota alta, a pesar de estar rodeados de tragedias. Hay que tener en cuenta esa dicotomía, lo general y lo individual.
¿Hay muchas personas que no se fían del psiquiatra?
Sí, y muchas otras que no van por miedo al que dirán. La enfermedad mental tiene mucho de estigma, no en todos los sitios, por ejemplo en Nueva York hay gente que presume de ir al psiquiatra. Pero todavía ir al psiquiatra no es fácil, sobre todo en los pueblos o en las ciudades pequeñas.
Usted, psiquiatra, ¿ha ido alguna vez al psiquiatra? ¿Ha tenido alguna vez depresión?
Sí. Cuando murió mi padre, estaba en Nueva York. Él había sido un buen padre, pero era autoritario. Luego me fui y nunca hablamos. Me hubiera gustado hablar con él, aclarar cómo me sentía con él. Me sentí deprimido. Y me ayudó ir a un colega.

Después del 11-S, que lo viví muy cerca, me dediqué a trabajar. No notaba nada hasta que un día empecé a sentirme raro. También fui a hablar con un colega y le conté lo que había vivido aquel día y aquella semana.
¿Tomó alguna medicación?
No, no me la recetaron, pero me la hubiera tomado.
¿Cuáles son las herramientas para conseguir la felicidad?
Hablar, contar historias... Contar algo que no entiendes bien, al hablarlo lo organizas, y al organizarlo empiezas a entenderlo, a darle sentido. Cuando empecé a hablar con mi colega sobre el 11-S, le empecé a contar mi historia, y de esta manera le di su significado.

Por otro lado, está demostrado que el ejercicio físico es muy útil para la mente.
Usted empezó a correr a los 40 años, ¿por qué lo hizo?
Por la hiperactividad y el estrés. Mi mujer me dijo: 'Mira Luis, no hay quien te aguante'. Yo nunca había hecho ejercicio. Lo mío era aplicar la energía en otra cosa. Ella me convenció y compró una cinta [rodante] que puso en el dormitorio. Fue un reto. Recuerdo que corría dos minutos y tenía que parar. Pero con el tiempo notaba que me sentaba muy bien aquello de sudar. Así que pasé al parque y vi que me gustaba. Y cuando alguien me dijo: '¿Por qué no corres un maratón?' Lo intenté, y ya llevo 19 maratones.
¿Su mujer notó diferencia?
Sí, y yo también. Quería mantener la relación. Hubiera hecho lo que fuera.
O sea, ¿que empezó a correr por amor?
Sí, empecé a correr por amor. No se me había ocurrido.



Fuente: El Mundo

sábado, 9 de marzo de 2013

EL OPTIMISMO VITAL CREA FELICIDAD.


EL OPTIMISMO VITAL CREA FELICIDAD.

EL OPTIMISTA VITAL CREA FELICIDAD Y ALEGRÍA Y LA CONTAGIA



Nuestro objetivo es producir felicidad, sembrarla y esparcirla por todas partes. Queremos contagiar nuestras ganas de vivir. Hace muchos años, un médico de empresa me dijo que no tenía más remedio que darme la razón sobre mí teoría de que la felicidad, el optimismo, la alegría y las emociones positivas, al igual que las negativas, se contagian.

Él mismo pudo comprobarlo en la gran empresa en que prestaba sus servicios como médico. Me comentó que en un departamento en el que trabajaban unas personas, siendo dos claramente positivas, optimistas y alegres, hasta el punto de que contagiaban a todos su alegría y positivismo, apenas había bajas por enfermedad y la producción era claramente superior a los demás departamentos.

Al mismo tiempo, en otro departamento en el que también trabajaban unas 20 ó 25 personas, de la cuales, tres estaban casi siempre enfermas, eran muy pesimistas y depresivos y no cesaban de contar sus penas, era el departamento con más bajas por enfermedad.

Este médico observó que se creaba una especie de “contagio” por parte de las personas positivas o negativas. Me dijo, que él mismo, cuando visitaba el departamento en el que dos personas muy positivas todo lo optimizaban, salía riendo, se sentía mejor y se lo notaban en casa. Sin embargo, el día que visitaba a los del departamento lacrimógeno y pesimista, él mismo se encontraba un poco “tocado” y hasta más triste.

Precisamente la razón por la cual decidí escribir mi libro “Optimismo Vital” y después crear esta página, es porque tengo muy claro que tanto el bien, como el mal, tanto el optimismo como el pesimismo son altamente contagiosos. Me encanta que personas esforzadas, optimistas, entusiastas y con una actitud mental positiva, puedan desde www.cluboptimistavital.com contagiarse de nuestra alegría y ganas de vivir quienes nos visiten.

Investigaciones de las Universidades de Harvard y de california (Estados Unidos) han descubierto que ser felices no solo tiene que ver con un proceso de creación interna de cada persona, sino que también se debe a una especie de “contagio”, de fenómeno colectivo que se extiende a través de las redes sociales a modo de telaraña.

Los responsables de este estudio han investigado a 5000 personas interconectadas a lo largo de 20 años y han descubierto que cuando una o varias personas decían sentirse muy felices, ese sentimiento de dicha se esparcía como lo hacen las ondas en el agua, entre todos los sujetos del grupo, y se incrementaba la posibilidad de que otros muchos también se sintieran felices.

Parece ser que en la tristeza, aunque también se produce ese contagio, la intensidad es menor. Uno de los autores de este estudio, James Fowler afirma que “la inyección de sentimientos positivos”, puede ser tan poderosa como para durar un año. Todo el trabajo realizado apunta a que “los dichosos se agrupan”.

Según esto, cualquier persona tiene hasta un 15% más de posibilidades de ser feliz si está conectada a otro que también lo es. Parece ser, además que la transmisión de sentimientos es mucho más poderosa entre personas del mismo sexo y el bienestar entre amigos o vecinos puede ser más contagioso que el de la pareja.

Me encanta saber que la felicidad, el entusiasmo y el optimismo son emociones positivas que podemos contagiar y al hacerlo nos convertimos en sembradores de bien y de bondad. Nada es comparable a conseguir que alguien sea más feliz por nuestra causa.

(Bernabé Tierno)

viernes, 8 de marzo de 2013

Optimismo Forjar un modo de ser entusiasta



El optimismo es el valor que nos ayuda a enfrentar las dificultades con buen ánimo y perseverancia , descubriendo lo positivo que tienen las personas y las circunstancias, confiando en nuestras capacidades y posibilidades junto con la ayuda que podemos recibir.

La principal diferencia que existe entre una actitud optimista y su contraparte –el pesimismo- radica en el enfoque con que se aprecian las cosas: empeñarnos en descubrir inconvenientes y dificultades nos provoca apatía y desánimo. El optimismo supone hacer ese mismo esfuerzo para encontrar soluciones, ventajas y posibilidades; la diferencia es mínima, pero tan significativa que nos invita a cambiar de una vez por todas nuestra actitud.

Alcanzar el éxito no siempre es la consecuencia lógica del optimismo, por mucho esfuerzo, empeño y sacrificio que pongamos, algunas veces las cosas no resultan como deseábamos. El optimismo es una actitud permanente de “recomenzar”, de volver al análisis y al estudio de las situaciones para comprender mejor la naturaleza de las fallas, errores y contratiempos, sólo así estaremos en condiciones de superarnos y de lograr nuestras metas. Si las cosas no fallaran o nunca nos equivocáramos, no haría falta ser optimistas.

Normalmente la frustración se produce por un fracaso, lo cual supone un pesimismo posterior para actuar en situaciones similares. La realidad es que la mayoría de nuestro tropiezos se dan por falta de cuidado y reflexión. ¿Para qué sirve entonces la experiencia? Para aprender, rectificar y ser más previsores en lo futuro.

El optimista sabe buscar ayuda como una alternativa para mejorar o alcanzar los objetivos que se ha propuesto, es una actitud sencilla y sensata que en nada demerita el esfuerzo personal o la iniciativa. Sería muy soberbio de nuestra parte, pensar que poseemos el conocimiento y los recursos necesarios para salir triunfantes en toda circunstancia. 

Cualquiera que ha sido campeón en alguna disciplina, llegó a colocarse en la cima por su esfuerzo, perseverancia y sacrificio, pero pocas veces, o mejor dicho nunca, se hace alusión a su optimismo, a esa entrega apasionada por alcanzar su fin, conservando la confianza en sí mismo y en las personas que colaboraron para su realización. El optimismo refuerza y alienta a la perseverancia

El optimista no es ingenuo ni se deja llevar por ideas prometedoras, procura pensar y considerar detenidamente todas las posibilidades antes de tomar decisiones. Si una persona desea iniciar un negocio propio sin el capital suficiente, sin conocer a fondo el ramo o con una vaga idea de la administración requerida, por muy optimista que sea seguramente fracasará en su empeño, ya que carece de las herramientas y fundamentos esenciales para lograrlo.

En otras circunstancias nos engañamos e inventamos una falsa realidad para hacernos la vida más fácil y cómoda. Basta mencionar al estudiante que se prepara poco y mal antes de sus evaluaciones, esperando obtener la calificación mínima y necesaria para “salir del paso”, sin darse cuenta que su falso optimismo lo llevará –tarde o temprano- al fracaso.

Se podría pensar que el optimismo nada tiene que ver con el resto de las personas, sin embargo, este valor nos hace tener una mejor disposición hacia los demás: cuando conocemos a alguien esperamos una actitud positiva y abierta; en el trabajo, una personalidad emprendedora; en la escuela, profesores y alumnos dedicados. Si nuestras expectativas no se cumplen, lo mejor es pensar que las personas pueden cambiar, aprender y adaptarse con nuestra ayuda. El optimista reconoce el momento adecuado para dar aliento, para motivar, para servir.

En la amistad y en la búsqueda de pareja también es necesario ser optimista. Algunas personas se encierran en sí mismos después de los fracasos y las desilusiones, como si ya no existiera alguien más en quien confiar. El optimismo supone reconocer que cada persona tiene algo bueno, con sus cualidades y aptitudes, pero también sus defectos, los cuales debemos aceptar y buscar la manera de ayudarles a superarlos. 

El paso hacia una actitud optimista requiere de una disposición más entusiasta y positiva, es tanto como darle la vuelta a una moneda y ver todo con una apariencia distinta:

- Analiza las cosas a partir de los puntos buenos y positivos, seguramente con esto se solucionarán muchos de los inconvenientes. Curiosamente, no siempre funciona igual a la inversa.

- Haz el esfuerzo por dar sugerencias y soluciones, en vez de hacer críticas o pronunciar quejas.

- Procura descubrir las cualidades y capacidades de los demás, reconociendo el esfuerzo, el interés y la dedicación. Esto es lo más justo y honesto.

- Aprende a ser sencillo y pide ayuda, generalmente otras personas encuentran la solución más rápido.

- No hagas alarde de seguridad en ti mismo tomando decisiones a la ligera, considera todo antes de actuar pues las cosas no se solucionan por sí mismas. De lo contrario es imprudencia, no optimismo.

No es más optimista el que menos ha fracasado, sino quien ha sabido encontrar en la adversidad un estímulo para superarse, fortaleciendo su voluntad y empeño; en los errores y equivocaciones una experiencia positiva de aprendizaje. Todo requiere esfuerzo y el optimismo es la alegre manifestación del mismo, de esta forma, las dificultades y contrariedades dejan de ser una carga, convirtiéndonos en personas productivas y emprendedoras.
 

jueves, 7 de marzo de 2013

Emilio Duró – Optimismo e Ilusión



Conferencia de Emilio Duro en Galicia

El mundo esta en manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y de correr el riesgo de vivir sus sueños.








Optimismo para torpes

En tiempos de crisis e incertidumbre, donde las cosas no siempre suceden como nos gustaría, son necesarias altas dosis de optimismo para mantener la ilusión y las ganas de disfrutar de la vida. Esa es la esencia de Optimismo para torpes, el libro que Carlos Hernández ha presentado en Madrid y en el que el autor muestra los secretos para mantener un optimismo inteligente a pesar de las dificultades.

El autor nos descubre por qué las personas optimistas son más felices, cuales son los beneficios de esta buena práctica, y sobre todo, cómo desarrollarla. El optimismo se relaciona además con otras cualidades, como la flexibilidad, la automotivación o el sentido del humor, y la obra ayuda a “cambiarnos las gafas para tener una visión menos negativa de la realidad”.

El autor, un optimista empedernido

Carlos Hernández se describe como un “optimista empedernido”. Master en RR.HH., licenciado en Sociología y en Periodismo y Diplomado en Trabajo Social, Carlos es un apasionado de las personas y lleva más de 15  años tratando de contagiar su espíritu positivo a todo el que está dispuesto a escucharle. Su fuerte optimismo le hizo convertirse en emprendedor, y
después de pasar por varias multinacionales, creó su propia marca, DOSABRAZOS, desde donde imparte, cursos y conferencias sobre motivación y desarrollo personal, caracterizadas siempre por el uso del sentido del humor y la búsqueda de lo positivo.

Se hizo merecedor del Premio Excelencia 2012 de la Universidad Carlos III de Madrid por su trayectoria emprendedora y profesional. Es, además,profesor en la Universidad Carlos III de Madrid, y colabora con distintas universidades y escuelas de negocios. En los últimos años se ha convertido en conferenciante de referencia en empresas y asociaciones profesionales de Recursos Humanos en España y Latinoamérica.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Los japoneses comen y beben en español

Las exportaciones españolas de productos agroalimentarios y bebidas al mercado japonés alcanzaron en 2012 los 418 millones de euros, lo que supuso un crecimiento del 26% respecto a 2011. Es el tercer año consecutivo que las ventas del sector a Japón (la segunda economía de Asia, la tercera economía mundial y el segundo mercado de consumo del mundo) crecen por encima del 20%, según ha informado el ICEX. A pesar de las dificultades que pueda suponer acceder a un mercado tan exigente como el japonés, una población de 127 millones de habitantes, uno de los poderes adquisitivos más altos del mundo, la lealtad del comprador y la puntualidad en el pago, son razones de peso para que las empresas españolas de alimentación elijan a Japón para vender sus productos. Por productos, son los cárnicos congelados los que encabezan el ranking con 92 millones de euros, seguidos del aceite de oliva con 60 millones de de euros, los pescados frescos con 48 millones de euros y los vinos con denominación de origen con 30 millones. Un mercado muy exigente El consumidor japonés siente gran curiosidad a la hora de probar nuevos productos y, por lo general, suele considerar que los alimentos y bebidas importados desde Europa son de mejor calidad y más dignos de confianza. Entre las últimas tendencias observadas destaca el creciente interés del público japonés, y en consecuencia de los importadores, por productos de tamaño pequeño o presentados en formato “mini” y con diseño atractivo. Es un destino comercial donde la obsesión por el detalle, la excelencia en el servicio y la exigencia son máximas. Por ello, el exportador español de alimentos debe ajustarse a las preferencias del consumidor japonés y no debe pasar por alto que, aunque utilizan los mismos materiales que en Occidente, existe mayor inversión en tecnología lo que se traduce en envases más eficientes y atractivos. El diseño y la presentación del envase puede ser más relevante en la decisión de compra que la propia calidad del producto y por ello deben cuidarse al máximo. Además, como el producto procedente de Europa es considerado como exclusivo y de calidad, esto lleva asociado un mayor precio.

Buenas noticias

Hoy presentamos nuestro nuevo Blog. Sólo buenas noticias, y actitud positiva, que nos ayuden a afrontar con optimismo la situación actual en que vivimos y generen la confianza que necesitamos para superarla.

Ánimo...que no somos tan malos como quieren hacernos creer!